martes 5 de enero de 2010

INDECOROSO

Un día lluvioso apareció espantoso,
Un grano asqueroso, justo en mi rostro.
Me miré al espejo y allí estaba jocoso
Decoraba mi nariz; insertado, rocoso.

Pasan los días y el grano monstruoso
Ya tiene tamaño alevoso
loción astringente, gel exfoliante
denme esperanzas, sostengan mi talante.

Grano morboso deja ya de profanar
mi rostro gallego
¿Por qué no vais a bogar?

Y no me preguntes nada,
De por qué lloré tanto en la noche pasada,
Las mujeres lloramos porque sí
Es esto de los granos, pasaje baladí.

martes 29 de diciembre de 2009

VERGÜENZA

Alguas veces, los hombres suelen indignarse porque su pareja no accede a sus mínimos gustos sexuales, como ser la luz prendida, alguna que otra posición estrafalaria o un acting o role play determinado. No todas son Natacha Jaitt y suele ser muy difícil deshacerse de la vergüenza, los prejuicios, el temor a no gustar, las inseguridades con respecto al cuerpo, etc.
No obstante, he descubierto que todo ese temor que ciertas mujeres experimentan a la hora de la osadía sexual queda practicamente caduco o neutralizado a la hora de las exposiciones escatológicas, depilatorias y de maquillaje ante el resto del mundo. Son muchas las veces en que el desayuno se me revolvió en el estómago al ver a una mujer sacandose los pelos del bigote o la barbilla en el colectivo.Con su espejito y todo, estas Cicciolinas desprejuiciadas se sacan los mocos (juro que lo vi), se depilan y se maquillan por completo en los lugares más inusitados, y ahí si que no piden "ay dale, apagá la luz", sino que deciden hacernos gozar y satisfacernos por completo con sus exhibiciones pornográficas de manera gratuita, sin pagar turno ni alquiler, se regalan, son fáciles y van con cualquiera. Imagino que su aviso en el rubro 59 de Clarín sería: 000Mirta saca pelos p/vos en su depto$35 pri/dom con/sin pincita0000
¿Es tan difícil sacarse los pelos en el baño de su casa, o en su patio o en un lugar sin testigos indefensos?

martes 15 de diciembre de 2009

ASCO

La gente que hace ruido al comer debería vivir en otro planeta, en el planeta de los cerdos. Este planeta debería ser atravesado por enormes meteoritos incandescentes todos los días. Además, todas las tardes debería caer una lluvia ácida y por la noche bolas de fuego apocalípticas.
Por último, en el planeta de los cerdos no sólo vivirían estos infradotados de boca ruidosa, sino que convivirían con la raza Allien que devoraría varias víctimas por hora.
Gracias.

martes 8 de diciembre de 2009

MIEDO

Las mujeres no necesitamos ser encañonadas con un arma o estar cerca de una violación para sentir miedo, hay cosas mundanas que pasan todos los días que nos hacen temblar.
Hoy realicé un recorrido desde el barrio Congreso hasta barrio Norte, a pie.
Ni bien cerré la puerta del edificio comencé a temblar:
“la puta madre para qué me puse este vestido, parezco un paquete mal encintado”
“¿se me estará moviendo el culo para todos lados o irá firme?”
“¿Hoy me tenía que venir? ¿A ver si me mancho toda?”
Estas cuestiones aparecieron unas tras otra antes de que lograra hacer una cuadra.
Decidí hacerme la desprejuiciada y me concentré en los temones clásicos que estaba escuchando en mi celular. Mientras sonaba Voyage Voyage de Desireless, me percaté de otro problema: mientras caminaba, el vestido se comportaba de una manera sumamente incómoda, tanto para la usuaria como para los televidentes. Como un perro que se desespera por oler la entrepierna del invitado quien no sabe como sacar la cabeza del animal que huele con pasión sus genitales, mi vestido, obstinado e insolente se introducía allí. Entonces, mientras continuaba el recorrido, cada aproximadamente tres segundos y medio, utilizaba mi mano derecha para quitar la tela incrustada en mi entrepierna. Yo creo que el resto de los transeúntes se percataba, y me pareció que unos adolescentes se rieron, por lo que me ponía cada vez más nerviosa, porque sí, me re importa lo que puedan llegar a pensar los miles de desconocidos con los que me crucé.
Como si esto fuera poco, un viento que no estaba pronosticado comenzó a soplar sobre la ciudad. El puto vestido arriba de la rodilla comenzó con su amague de mostrar aquello que tapaba. Cada esquina que intentaba cruzar, se levantaba el atuendo violentamente, por lo que comencé a usar la mano que me quedaba libre (porque la otra era la que desincrustaba la tela de mis partes) para bajar el vestido y pegarlo al culo para que no vuele. Para colmo me había puesto una cola less lo que sumaba más pánico a la situación.
Por suerte faltaba poco para llegar, pero caminar con una mano adelante y la otra atrás me daba vergüenza, así que decidí alejarme de avenida Santa Fé y agarrar por Arenales, más periférica pero más llena de soretes de Golden Retriever y otras razas de perros que tiene la gente bien.
Al tomar estas calles, obvié la existencia de otro factor: los porteros, o como ellos insisten en llamarse, “los encargados”. Estos tipos, además de encargarse de sacar la basura, chusmear con los otros porteros, fumar, poner cara de no-se-de-que-me-estas-hablando cuando le decís que te sale agua de las tomas de luz, también se encargan de babosearse y no controlar sus erecciones cuando pasa una dama.
Al pasar con cara de preocupada, con una mano adelante y la otra atrás, sentía como el scanner y detector de feromonas me penetraba sutilmente, podía oler sus ansias de copulación, sus llamados de macho dominante de la manada que asolea su uniforme marrón caca al sol. Oí unos aplausos, pero no quiero pecar de poca humildad, tal vez fueron para el Golden Retriever de la señora que venía atrás que se estaba desgraciando en el medio de la vereda de un lujoso edificio.
Ya quedaban pocas cuadras y eso me dio confianza, tanta, que olvidé la maniobra de taparme la parte de atrás. Cruzando Larrea se me vio medio cachete, pero una aglomeración de viejos y viejas paseantes de domingo (o en este caso, de feriado) hizo que el hecho de semi-desnudismo pasara desapercibido.
Finalmente llegué a mi destino, sonaba “Macho Men” en mis auriculares. Respiré, me relajé y finalmente me di cuenta de que había pisado un sorete de Golden Retriever.

viernes 4 de diciembre de 2009

SOY FELIZ :-)


Sin menospreciar los alcances de la psicología y reconociendo que a una gran parte de la sociedad estos tratamientos le han resultado efectivos, creo, sostengo y debato con quien sea que hay un cierto número de la población a quien le hace muy mal hacer terapia.
Esta gente comienza terapia por varias razones:
1. Porque alguien cercano a el/ella hace terapia.
2. Porque vio en la TV que Nazarena Vélez hace terapia.
3. Porque odia no tener aporte para hacer en las reuniones sociales.
4. Porque lo hace todo el mundo.

Durante las primeras sesiones, esta gente cuenta, o mejor dicho, repite, todo lo que ha escuchado decir a sus pares sobre el psicólogo(o lo que vieron en la ficción "Tratame bien"):
1. Que se están conociendo.
2. Que por ahora no hace muchas preguntas.
3. Que su oficina no tiene mucha onda y que hay un cuadrito de un señor con barba y anteojos.

Hasta aquí todo se desarrolla dentro del ámbito de lo que podríamos llamar “normalidad”. Sin embargo, como una plaga silenciosa pero letal, los discursos de estas personas comienzan a moverse hacia el lado “aguante la autoestima carajo”. No digo que esto esté mal, pero cuando el psicólogo deja de ser un psicólogo para convertirse en un pai/líder religioso/maestro espiritual/gurú de la sabiduría/reencarnación de Jesucristo en la tierra de los vivos, es cuando mi alarma de odio comienza a titilar frenéticamente:

1. “Porque el psicólogo me dijo que es normal que a veces, cuando estoy solo, se me de por meter la cabeza en el inodoro y apretar el botón para ver si me mareo”
2. “porque el psicólogo me dijo que si yo realmente siento que estoy enamorada de la cabra que pasta en el terreno de enfrente, tengo que dejar de lado los prejuicios y entregarme”
3. “porque el psicólogo me dijo que estoy mejorando rápidamente, porque la verdad que empezar a buscar mi primer trabajo a los 35 años es algo que nunca había imaginado que yo sería capaz de hacer”.

Pero esto no termina acá, ya que el peor tramo por el pasa esta gente, es un incremento desmedido y ridículo de el amor por su propia persona. No importa si nadie le dijo que la terapia lo cambió, ellos insisten hasta el hartazgo que así fue. Con aire de falsa y pedante superioridad, como si ellos estarían en la punta de la pirámide y uno fuera un esclavo más que lleva un bloque de piedra mientras recibe los azotes del oficial, repitiendo frases de Ari Paluch y Jorge Bucay, aseguran que “ahora ven todo desde una perspectiva distinta”, “que van más allá”, “que están más espirituales pero que no cualquiera llega hasta donde ellos llegaron”. Yo creo que tienen razón, no cualquier idiota necesita ir al psicólogo para que este le diga “flaco, tenés que laburar, estás pisando los treinta papá”.
Para finalizar mi análisis, quisiera destacar que el crecimiento desmedido de la autoestima del “terapiado” es inversamente proporcional a su persecución: piensa que todos lo envidian, que la gente lucubra macabros planes contra ellos, que la gente se pone mal porque ellos ahora REALMENTE SON FELICES, y por eso, se encargan de contaminar sus nicks de MSN, Faceook, etc, avisándoles a toda la comunidad terrestre que "SOY FELIZ…"
Lamentablemente, estos ridículos episodios que comenten, es porque son ellos los que envidian la vida de los demás, porque ni Freud  ni Lacan serían capaces de quitar de su alma todo ese resentimiento y bronca que les provoca no tener la vida del prójimo. Por eso necesitan publicar en el Boletín Oficial que son felices, creen que de esa manera podrán esconder sus miserias humanas, pero yo les quiero avisar, que es la manera en que más se notan.

lunes 23 de noviembre de 2009

LA GENTE SOFOVICH I

Muchas veces conocemos personas que a su vez nos hacen acordar a otras, sea por su forma de hablar, el tono de su voz, sus gesticulaciones, sus ideologías, sus mañas, y sobre todo en su trato para con los demás.
He decidido utilizar el apellido de este actor, productor, guionista y director para esta clasificación ya que he conocido (y no puedo decir que afortunadamente) a ciertos especímenes que tienen una gran similitud con este personaje de la farándula argentina (no me atrevo a decir de la cultura).

La primera en mi lista fue Lelé, la profesora de lengua, literatura, psicología, lógica, filosofía y también directora de estudios (este último inventado por el colegio para darle a esta mujer una razón más por la cual vivir). Obsérvese la cantidad de disciplinas que cubría esta persona al igual que nuestro Gerardo, son tan completos que no pueden dedicarse solamente a una cosa, sino que abarcan más espacios para atosigar a la mayor cantidad de gente posible.

Cuenta la historia que mientras Lelé se encontraba en el medio de una clase, vinieron a avisarle que su marido había fallecido. Lejos de salir corriendo entre sollozos y gritos, la directora de estudios terminó su lección como todos los días y luego de haber cumplido los sesenta minutos o'clock como mandaba el estatuto escolar de la época, la profesora (universitaria) se retiró.

Otro factor esencial de esta mujer era tratar a sus alumnos de "tú", yo creo que tal vez, fanática del idioma castellano no quiso que nos terminásemos de independizar de España, por lo que siguió fielmente conjugando los verbos a la española, despreciando la variedad dialectal rioplatense. Gerardo no es tan obvio en este sentido, pero se le suelen escapar expresiones de este estilo.

Por último, el miedo que nos producía Lelé era inefable. Era una mezcla de respeto+miedo+incertidumbre+sugestión por los mitos urbanos+falta de rebeldía en el colegio de monjas+lo contado por nuestras madres que también habían sido alumnas de la docente.
 La cuestión era que cuando Lelé pronunciaba Max "ueber" nadie pensaba si quiera en corregirla y decirle que la correcta pronunciación para ese apellido alemán era "vever".

 A Gerardo le pasa lo mismo, raras veces veo que la Canosa o sus panelistas osen contradecirlo, o a sus secretarias mandarlo al carajo cuando él, mediante chistes escasos de gracia y diversión las delira como Don Omar a Daddy Yankee. Las tontas se ríen, ya que una "descansada" de Gerardo en la TV frente a escasos televidentes supone un lugar en las futuras revistas del productor.

Lelé también nos deliraba, había una chica a quien le parecía estético hacerse una cola de caballo y dejarse dos canutos perfectamente enrollados uno a cada lado de su frente, como cuando a uno le quedan los mocos colgando. La profesora siempre hacía una observación al respecto a la cual mi compañera contestaba con una sorisa nerviosa como las secretarias de Gerardo.

Como todo astro, la fama de Lelé un día se apagó, y si bien le guardábamos respeto, nos reíamos a escondidas de su exceso de maquillaje, de su cierre del pantalón abierto, de sus tropiezos y de sus propuestas antiquísimas, como coser dos hojas por sus márgenes para hacer un trabajo práctico y tener más lugar. Cuando Lelé obviaba la existencia de la boligoma o la plasticola era algo realmente fuerte, fuera de nuestro mundo. Cuando utilizaba palabras como "macanudo" o expresiones como "al pelo" nos costaba mucho retener el respeto, sin embargo manteníamos el miedo. Creo que es lo mismo que le pasa a los colaboradores de Gerardo, por más que piensen que sus guiones teatrales son antiguos y no causan gracia, nadie le va a decir que "arrastrar el ala" ya es una expresión caduca, o que en vez de decir "batifondo" o "despiole" se podría decir "bardo" ,"quilombo" o "bondi".

Yo no se si Sofovich va a perder su luz alguna vez, pero mientras la gente siga temiendo contradecirlo y mientras sus secretarias prostituyan su dignidad yo no voy a dejar de indignarme, cómo me pasaba con Lelé, a quien nunca corregí cuando pronunciaba mi apellido "Vilar".

viernes 13 de noviembre de 2009

¿QUÉ ES LO QUE HACE UN TAXISTA GARCANDO EN LA VIDA?

El sábado llamé a una agencia de  taxis para transportarme hasta mi hogar. Cuando viajo de noche siempre trato de llamar a los radio taxis por todo este tema de las violaciones, robos, degenerados etc. que siempre nos advierte de manera exagerada el noticiero.
Me atendió "Mónica" y me dijo que el auto estaría en veinte minutos en la puerta de la casa de mi amiga, eso fue todo. El mismo llegó a los diez minutos y cuando mi amiga abrió la puerta de su edificio, el aroma anti-gérmenes+desodorante+gel para el pelo+Michael Jackson llegó hasta mi con la potencia de un tsunami.
Durante el viaje, el fanático de Michael se quejó por los sucios que están los otros taxis y se jactó de la liempieza que el mantiene en el suyo, algo que si bien era evidente no era motivo para el premio Lisoform de oro tampoco. Como soy una mina amable le devolví comentarios que semejaban cierta aceptación y felicitación (a veces me gusta hacer un poco de caridad).
Cuando llegamos a la esquina indicada, el taxímetro marcó 8.70. Saqué un billete de diez, y como no tenía ganas de que me pida monedas le dije cobrá nueve, y es ahí en donde comienza mi historia:

Tachero: (riéndose pero no como Michael sino como debe ser su risa verdadera) Ah ¿No te dijo la chica que el viaje mínimo cuando llamás por teléfono es de diez pesos?
Yo: No, sólo me dijo que venías en diez minutos.

Como el muchacho se había reído pensé que era un broma y me quedé sentada en el auto esperando mi peso de vuelta y viendo como el taxímetro seguía marcando siendo que ya habíamos llegado a las coordenadas establecidas previamente.

Yo: Ah, ¿Es de verdad? Pensé que era una joda.

Tachero: (Nuevamente riendo) No, no es verdad.

Yo: perfecto, gracias.

Y la puerta de su auto sonó como un signo de exlamación;todavía sonaba Billy Jean cuando pegué el portazo, tema que mi cabeza seguió repitiendo por varias horas.
Mientras entraba a mi casa, recordé que meses atrás, un viejo me había hecho lo mismo, esta vez, redondenado para ochos miserables pesos porque supuestamente ese era el viaje mínimo.
Yo no tengo la culpa de su situación, si no estudiaron no es mi problema, si no pudieron ser el artista tributo a Michael Jackson no es mi asunto. Yo tampoco gano lo que quisiera en mi trabajo, y sin embargo no salgo por ahí a cagar a la gente en míseros vueltos como una rata asquerosa para poder comprarme la bombacha que vi en la vidriera.
Tres horas después no me podía dormir así que llamé a la central. No voy a reproducir el diálogo porque la telefonista sólo me contestó con monosílabos y me dijo que es verdad que ese era el viaje mínimo. Yo le dije que no me habían dado la opción de elegir pagar los diez pesos y bajar y tomarme cualquier taxi en la esquina, que Mónica no me dijo nada, que la gente que tenían trabajando para ellos eran unos garcas y muchas puteadas más que la pobre infeliz no merecía, pero que yo se las otorgaba para que por lo menos le lleguen a alguien con más status en aquel lugar.
Corté indignada lanzando la amenaza de que me presentaría en el lugar a hacer un quilombo y volvió a mi mente: Billie Jean is not my lover
she's just a girl who claims that I am the one
but the kid is not my son
she says I am the one, but the kid is not my son

De todo esto, saqué lo que más me interesaba: Walter Villalba era quien me había llevado cuando llamé al 4583-8787, eso es todo lo que necesito saber para lo que haré este sábado, a la misma hora pero en diferente lugar. Si me sale bien redactaré lo sucedido, sino me haré la boluda y hablaré de que Bonelli me tiene harta diciendo que Cristina hace uso y abuso de la cadena nacional.
 

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