Muchas veces conocemos personas que a su vez nos hacen acordar a otras, sea por su forma de hablar, el tono de su voz, sus gesticulaciones, sus ideologías, sus mañas, y sobre todo en su trato para con los demás.
He decidido utilizar el apellido de este actor, productor, guionista y director para esta clasificación ya que he conocido (y no puedo decir que afortunadamente) a ciertos especímenes que tienen una gran similitud con este personaje de la farándula argentina (no me atrevo a decir de la cultura).
La primera en mi lista fue Lelé, la profesora de lengua, literatura, psicología, lógica, filosofía y también directora de estudios (este último inventado por el colegio para darle a esta mujer una razón más por la cual vivir). Obsérvese la cantidad de disciplinas que cubría esta persona al igual que nuestro Gerardo, son tan completos que no pueden dedicarse solamente a una cosa, sino que abarcan más espacios para atosigar a la mayor cantidad de gente posible.
Cuenta la historia que mientras Lelé se encontraba en el medio de una clase, vinieron a avisarle que su marido había fallecido. Lejos de salir corriendo entre sollozos y gritos, la directora de estudios terminó su lección como todos los días y luego de haber cumplido los sesenta minutos
o'clock como mandaba el estatuto escolar de la época, la profesora (universitaria) se retiró.
Otro factor esencial de esta mujer era tratar a sus alumnos de "tú", yo creo que tal vez, fanática del idioma castellano no quiso que nos terminásemos de independizar de España, por lo que siguió fielmente conjugando los verbos a la española, despreciando la variedad dialectal rioplatense. Gerardo no es tan obvio en este sentido, pero se le suelen escapar expresiones de este estilo.
Por último, el miedo que nos producía Lelé era inefable. Era una mezcla de respeto+miedo+incertidumbre+sugestión por los mitos urbanos+falta de rebeldía en el colegio de monjas+lo contado por nuestras madres que también habían sido alumnas de la docente.
La cuestión era que cuando Lelé pronunciaba Max "ueber" nadie pensaba si quiera en corregirla y decirle que la correcta pronunciación para ese apellido alemán era "vever".
A Gerardo le pasa lo mismo, raras veces veo que la Canosa o sus panelistas osen contradecirlo, o a sus secretarias mandarlo al carajo cuando él, mediante chistes escasos de gracia y diversión las delira como Don Omar a Daddy Yankee. Las tontas se ríen, ya que una "descansada" de Gerardo en la TV frente a escasos televidentes supone un lugar en las futuras revistas del productor.
Lelé también nos deliraba, había una chica a quien le parecía estético hacerse una cola de caballo y dejarse dos canutos perfectamente enrollados uno a cada lado de su frente, como cuando a uno le quedan los mocos colgando. La profesora siempre hacía una observación al respecto a la cual mi compañera contestaba con una sorisa nerviosa como las secretarias de Gerardo.
Como todo astro, la fama de Lelé un día se apagó, y si bien le guardábamos respeto, nos reíamos a escondidas de su exceso de maquillaje, de su cierre del pantalón abierto, de sus tropiezos y de sus propuestas antiquísimas, como coser dos hojas por sus márgenes para hacer un trabajo práctico y tener más lugar. Cuando Lelé obviaba la existencia de la boligoma o la plasticola era algo realmente fuerte, fuera de nuestro mundo. Cuando utilizaba palabras como "macanudo" o expresiones como "al pelo" nos costaba mucho retener el respeto, sin embargo manteníamos el miedo. Creo que es lo mismo que le pasa a los colaboradores de Gerardo, por más que piensen que sus guiones teatrales son antiguos y no causan gracia, nadie le va a decir que "arrastrar el ala" ya es una expresión caduca, o que en vez de decir "batifondo" o "despiole" se podría decir "bardo" ,"quilombo" o "bondi".
Yo no se si Sofovich va a perder su luz alguna vez, pero mientras la gente siga temiendo contradecirlo y mientras sus secretarias prostituyan su dignidad yo no voy a dejar de indignarme, cómo me pasaba con Lelé, a quien nunca corregí cuando pronunciaba mi apellido "Vilar".